2010: Grandes éxitos

Toca cerrar otro año y recordar aquí lo que ha sido. Y vuelve a ser tan complicado como siempre. Un año está lleno de acontecimientos e intentar resumirlos, hacer un balance del total, dar un veredicto, es una locura.

Supongo que soy un loco.

Comencé el año, en enero, sin saber que este año mi vida daría un giro que no me esperaba. Mirándolo ahora, en aquel momento era el clásico personaje inocentón de las películas que no sabe que los guionistas le tienen reservada una enorme mientras el público mira, riendo y expectante. ¿Cómo iba a imaginarme que iba a gustarle a una chica a la que veía tan fuera de mi alcance? Cuando empecé a sospecharlo, estuve por decirme a mí mismo, emulando al gran Ricky Gervais: “Are you having a laugh?!”. A final de mes me lancé. Yo. Sí. No con poco miedo, ojo. Las cosas necesitaban aclararse, así que acabé el mes sin saber qué pasaría.

También en enero volvió por Sevilla mi querida amiga alemana Nina. Sin habérmelo propuesto, al final la acabé acaparando para mí solo en Sevilla. La compartí un poco con Jesús, pero las circunstancias quisieron que fuera yo el único que decidiera dejar a un lado lo demás y atender como se merece a una gran persona que se deja caer poco por aquí.

Y en lo que respecta al sector Hundeto, realizamos el sorteo de la paletilla ibérica que sorteamos para ganarnos unas perras que irían para nuestro proyecto. Justo antes habíamos hecho un ensayo con una actriz amateur amiga de Iván que nos dejó hundidos al comprobar que excedíamos el tiempo requerido. Por suerte, el sorteo nos animó. Y tanto, porque estuvimos descojonándonos en el pasillo del piso de Raquel un buen rato.

Febrero empezó por todo lo alto, ya el día 1. Mi salto al vacío de enero resultó tener fondo. Un fondo cómodo, suave y placentero. Cómo no, el cine estuvo presente ese día. Le tengo un cariño especial a Up in the air. La música era mejorable, eso sí. Pero aquel bar se convirtió en nuestro bar, que visitaríamos más de una vez durante el año. Recuerdo los nervios de esa noche, la tensión, el subidón y la felicidad cuando volví a casa sintiendo que había pasado.

Los primeros días de febrero observaron nuestros primeros pasos tímidos y unos geniales días en Cádiz, invitados otra vez por Mario para disfrutar del Carnaval. Fue una experiencia inolvidable que acabó con nosotros en mi piso viendo la gala de los Goya.

También fue tomar otra vez consciencia de que Sevilla se ha convertido en mi ciudad.

En realidad, le debo mucho al febrero de este año. Supuso el principio de mi historia con Ana y con otra protagonista con la que aún doy pasos tímidos, pero confío en tener una relación seria algún día: Ketevan. No, no he encargado por Internet ninguna novia georgiana. Me refiero a mi guitarra, mi primera guitarra. Su nombre, aunque lo parezca, no es la contracción de lo que podría ser el comentario de un cani en Tuenti. Se debe a ella, a la admiración que le tengo y a que quizá con ese nombre pueda sacar buenas cosas de mi guitarra. Una guitarra, por cierto, que me ha sido muy poco fiel. Se iba con cualquiera que quisiera meterle mano. Pero la sigo queriendo porque, y ella ya lo sabe, es mía.

En marzo, los Hundetos creamos nuestro celebrado juego “Tabú Password Perrito”, un tabú hecho a mano con palabras que sólo nosotros podemos definir. Ahora lo tenemos un poco abandonado, pero en su momento fue una revelación. Semana Santa fue prácticamente como todos los años, pero no estuvo mal, aunque hubiera estado mejor si hubieran salido los planes que tenía con mis amigos de ir a la playa.

También me reencontré con mis compañeros de Bachillerato. Me parecían niños jugando a ser adultos. No por inmaduros, sino porque la imagen que tenía de ellos era la de mis compañeros de clase. Y nos hemos soltado la mano, tenemos caminos demasiado diferentes. No está mal. Nuestro tiempo juntos ya pasó.

En abril eché un día genial en el campo con mis amigos del pueblo y Jesús. Guitarras, bocadillos, risas, canciones improvisadas… Y no sería lo único bueno que haría con ellos, ya que algunos vinieron a Sevilla a visitarme, dando lugar a una extraña reunión.

También en abril estuve a tope en labores de producción junto a mis compañeros para llevar a buen puerto nuestro cortometraje, que se rodó a final de mes entre agobios, improvisaciones, buen rollo y risas. Una de las experiencias más increíbles de todo el año. Con fiesta de fin de rodaje incluida, claro.

En mayo acabó Lost. Para mí, y no soy el único, fue decepcionante. No quiero extenderme, así que lo expresaré a lo audiovisual.

Y el tiempo se me ha echado demasiado encima, así que le dejo a mi yo del futuro que termine esta entrada. Yo y mi previsión…

¡FELIZ 2011!

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