Desencuentros en la fase cero

Hoy a las 17:00, SEVici mediante, me personé (uy, qué fino queda) en la sede de Onda Cero que hay frente al Rectorado para hacer una prueba para hacer prácticas en verano.

Llegué junto a una chica que acababa de llegar y, al llegar a la segunda planta, la coordinadora de todo aquello nos preguntó el nombre y anunció a las demás (todas eran chicas) que ya estábamos listos para empezar. Nos mandó sentar en unas mesas y nos repartió un formulario en el que debíamos indicar nuestras preferencias para dónde queríamos hacer las prácticas (programas, informativos y deportes, según el orden que puse yo). En las siguientes páginas había una especie de test de actualidad en el que había que tener un poco de cultura general sevillana y nacional. Cosas como qué llenaba las portadas del periódico de aquel día, qué concejales sevillanos habían dimitido por no sé qué escándalo, qué obras se estaban llevando a cabo en Sevilla, quiénes eran la víctima y el asesino de un caso que llevaba unos meses conmocionando a Sevilla (ahí no tuve duda de que era lo de Marta del Castillo… digo yo) o, entre otras cosas, los últimos fichajes del Betis. Además, había que redactar un teletipo, poniéndolo en modo radio. Por último, al acabar el test, debíamos hacer una prueba de locución.

Yo, sintiéndome el mayor cateto de la historia al dejar casi todo en blanco, acojonado por no saber bien cómo redactar el teletipo y temblando ante la prueba de locución debido a mi estado actual de medio resfriado, vi el cielo abierto cuando la coordinadora me llamó por mi nombre y me dijo que, al ser de Comunicación Audiovisual, podía elegir entre hacer ese test para ser redactor o locutor o intentar tirar por la vía de la técnica (estar en la mesa de mezclas, vaya). Le dije que prefería la técnica, así que me dijo que dejara el test y pusiera simplemente qué experiencia tenía (al margen de ser profesional o no), qué programas había utilizado y cosas así, por lo que le hablé de las prácticas que había hecho en los estudios de radio de la facultad, los programas que había manejado y tal. Le entregué el test a la coordinadora, que me dijo que me llamarían cuando le pasara el test a los técnicos, mientras mis compañeras estaban probablemente estrujándose los sesos con las preguntas y salí en dirección a casa, presa del calor.

A la altura de la Alameda, caí en que hoy empezaba una jornada a la que me había inscrito llamada “El género de la Ciencia Ficción en el audiovisual andaluz”. La cosa empezaba a las 17:00, así que ya llegaba tarde. Muerto de calor me puse en marcha para dar con el maldito Pabellón de Uruguay, cosa que conseguí después de varias preguntas y vueltas sin sentido. Al llegar allí, pregunté por la jornada y los conserjes, secretarios o lo que fueran me dijeron que no tenían ni idea, aconsejándome ir a otro Pabellón de Uruguay que decían hay en la Cartuja.

La expresión “¡Un par de cojones!” resonó en mi cabeza, así que tomé un SEVici y me volví al piso, previa compra en el Mercadona de unas latas de limón y otros víveres. Al llegar y actualizar este singular blog, leo un e-mail y caigo en la cuenta de que la jornada empieza mañana.

¡Viva yo!

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