Eva
A veces, perder el autobús de las 16:20 que te lleva de Bollullos a Sevilla es recomendable.
Si el conductor hubiera parado ayer en mi parada y lo hubiera podido coger, habría escuchado música durante el trayecto, habría llegado al piso y todo habría sido rutinario.
Sin embargo, cogí el tren de las 19:20 de La Palma. Buscando asiento me topé con Julia y Juan Félix, dos amigos de Bollullos. Me senté con ellos y observé que junto a Juan Félix había una chica mirando por la ventana. Pensé que no se conocían.
Hablando de música y de lo mal que está el tema, ella habló y así fue como nos tiramos hablando todo el camino. Era (es) una chica muy inteligente y divertida. Al verla hablar así, de repente, pensé que igual era una amiga de mis dos amigos, pero al final me vine a enterar de que no.
Debía coger un tren rápidamente para llegar a Córdoba. Tras decirnos lo alegres que éramos de habernos conocido, le pregunté su nombre y le dije el mío. Se echó a correr para coger su tren.
Seguí caminando con mis amigos y uno de ellos fue al servicio y a comprar un periódico. Me quedé con mi amiga hablando cuando vi que Eva estaba comprando unos tickets y entraba en el Natura que hay en la estación. Con una excusa inspirada en hechos reales (comprar un regalo para el cumpleaños de una amiga, que era al día siguiente), entré con mi amiga en el Natura y allí nos volvimos a encontrar con Eva.
Buscamos posibles regalos hasta que mi amiga se tuvo que ir y me quedé a solas con Eva. Hablamos de su carrera, de cómo ya había operado en solitario a varios animales (estudia Veterinaria), de los múltiples usos que tiene un veterinario (no sólo curar animales, sino analizar fármacos o revisar las enfermedades que pueden causar algún problema para los animales), de la feria de Córdoba (me la recomendó, especialmente la caseta de Veterinaria), de que ya acababa la carrera, de lo que quería hacer un futuro… bueno, y también algo de mí.
Me emocionó especialmente cuando me habló de lo que significaba para ella montar a caballo. No es una de esas pijas que salen por ahí a lucirse, a correr como locas. Ella monta con calma en un caballo que le deja una amiga. Me contó que en el momento en que te subes a un caballo, él deposita toda su confianza en ti, se deja guiar ciegamente, pero tú no puedes evitar formar parte de él mismo, de su ser, de su manera de pensar. En ese momento, Eva y el caballo son un solo ser. Y eso me pareció precioso.
Su tren iba a salir ya, a las 20:30… quizá a las 20:35, así que tuvimos que despedirnos, encantados de conocernos. Al final, entre charla y charla, no fue a tomarse el café que quería.
A veces, perder un autobús significa encontrar a alguien tan especial como Eva. Espero verla algún día, salvándole la vida a algún animal, sonriendo con tanta alegría como lo hacía cuando la conocí.
Quizá vuelva a perder el autobús otro día y otro tren vuelva a juntarnos.
Hasta entonces, cada vez que vea algún animal (especialmente un caballo), no podré evitar recordarla, sonriendo.
Sé feliz, Eva.
Esta entrada fue publicada el 11 Mayo, 2009 a las 10:02 pm y archivada bajo De amor y otras putadas maravillosas con etiquetas amor, andén, animal, Bollullos Par del Condado, caballo, canción, Córdoba, cumpleaños, encuentro, equitación, Eva, felicidad, feria, hípica, heavy, Huelva, La Palma del Condado, Luis, música, melancolía, memoria, metal, montar, Natura, Nightwish, primera, recuerdo, regalo, Renfe, rock, romance, romántico, San Bartolomé de la Torre, Sevilla, sonrisa, tren, vía, Veterinaria, vista. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través del feed RSS 2.0 Puedes dejar una respuesta, o trackback desde tu propio sitio.