Ése fue el año que me dejaron plantado en el altar, fue el año en el que me agredió un camarero loco, el año en el que me despidieron, el año que fui atacado por un macho cabrío, o más bien por una cabra. Y vive Dios que fue el mejor año de mi vida.
Así se cerraba la cuarta temporada de Cómo conocí a vuestra madre. Por mi parte, no creo que pueda hacer una retrospectiva tan estrafalaria como la que hizo Ted Mosby justo antes de saltar desde su azotea en busca de una mejor, pero sí que ha sido un gran año.
Enero comenzó con una mala noticia: la muerte del padre de mi amigo Miguel. Fue el mismo día 1. Parece que el año no quería empezar de buenas, así que me cagué en él para ver si se ponía las pilas y empezaba a fabricar cosas buenas. Y parece que no tardó mucho en escucharme cuando hizo que me regalaran para Reyes unos guantes y el último disco de Katie Melua.
Febrero me trajo el Carnaval a tres bandas: Bollullos, Cádiz y Sevilla. En Bollullos fui a ver las agrupaciones con mis amigos, como es tradición, y a la caseta con mis hermanas, disfrazado de algo así como estrella del Rock acabada. Nos encontramos con dos tipos disfrazados de Bender que llevaban un disfraz curradísimo. En Cádiz, Mario nos invitó a echar un día y medio para empaparnos del auténtico Carnaval, el que se vive en esa preciosa ciudad donde, al menos por unos días, todo el mundo es tu amigo y te habla con toda la confianza y la alegría características de allí. Fue toda una experiencia vivir ese Carnaval, disfrazarnos de personajes de Perdidos (aunque casi nadie nos reconoció), ver el pregón de Javier Ruibal y conocer Cádiz (me enamoré sin remedio). En Sevilla, Nazaret nos invitó a una pequeña fiesta de disfraces que incluyó concurso y escapada colectiva al Dia a por víveres ante la sorprendida mirada de los ciudadanos.
Marzo… No recuerdo mucho de marzo, a decir verdad. Lo más relevante que recuerdo fue el inicio de la Revolución Bolsavique a manos de Jesús, Juanfran, Kisko y yo. Un pequeño acto de rebeldía. Un gran salto contra la maquinaria del capital… o algo así.
Abril fue preguntarme por qué pasaban ciertas casualidades, el quedarme sin conocer la feria de Sevilla otro año más al ver chafados mis planes y vivir algunos de los días más felices de este año gracias a Jesús, Juanfran, Jose y Juan. Una escapada playera genial. Una de las entradas de este blog a las que más cariño le tengo. Sin duda, quiero repetir algo así el año que viene.
Mayo nos trajo la Comunión del hermano de Dani, con todo el cachondeo que supuso al juntarnos todos los amigos en una misma mesa, con comida y bebida gratis y una pista de fútbol hinchable de por medio. También tuve mi prueba para Onda Cero, que al final quedó en nada porque no me llamaron, pero al menos fue una toma de contacto para ver qué coño piden al buscar personal. Y por supuesto, mi viaje a Santander de una semana para el curso de inmersión en lengua inglesa. Fue una de las mejores experiencias de mi vida. Conocí a personas sensacionales a las que ahora tengo repartidas por toda España y parte del extranjero. En muy poco tiempo viví muchas emociones y eso se notó con el bajón que supuso la vuelta a la realidad Sevilla. Tan genial fue lo que viví que aún no he terminado de escribirlo para este blog (quizá algún día). El no poder terminar mi crónica sobre Santander supuso un parón en el blog que casi lo mata.
Junio lo empecé dándome cuenta de que algunos sentimientos habían muerto… o mutado más bien a una situación más normal. Y cuando ya pensaba que volvía a ser libre, con lo feliz que se vive así, ¡zas!
Y yo que creía que estaba…
que estaba de vuelta.
Pereza, Amélie
En julio pasé un genial día en la playa con un grupo de gente que me acogió como si fuera un amigo de toda la vida. Además, ahí fue donde fui bautizado como “Almendrito”, mote por el que me llaman a menudo y del que me siento muy orgulloso (es que nunca he sido una persona con mote). Y cómo olvidar el Camino de Santiago y todo lo que vivimos (lo bueno y lo malo). Una de las mejores experiencias del año, sin lugar a dudas. Algún día colgaré los vídeos y veréis sólo un trozo de qué nos sucedió ahí arriba. ¿Lo repetiré algún día? Me gustaría, pero con la experiencia que tengo ahora.
Agosto fue testigo de la escapada playera de Jesús, Miguel y mía a Matalascañas. Allí, después de quemarnos al sol (olvidé la sombrilla en la parada del autobús), nos reunimos con Metano y su sobrino. Risas y más risas, tonterías varias, chapuzones, juegos con la pelota y demás. Acabamos quemados (y Jesús dormido sobre un desconocido en el autobús de vuelta), pero felices. Y sí, me gustaría repetirlo el año que viene (qué cansino estoy con esta cantinela).
Septiembre nos llevó al cumpleaños ochentero de Mila, una fiesta por todo lo alto rodeados de gente maravillosa. Una de esas noches para recordar. Y también en septiembre intimé con un grupo de personas que se han convertido en buenos amigos y ahora también en compañeros de producción. ¿Cómo no nos acercamos antes los unos a los otros?
Octubre observó el rodaje del fallido capítulo de Halloween de este año de Perruque. Sólo hay un trailer que da fe de lo que hicimos y lo que la cagamos. Es una lástima. Este año al fin habíamos hecho un guión y todo quedaba más lógico. De todas formas, agradezco desde aquí a Jesús, Ana, Anabel, Marta y Mercedes por colaborar en lo que pudo haber sido el mejor capítulo de Halloween de la historia.
Noviembre fue la reactivación de éste, mi adorado blog, haciendo un repaso a los hechos más relevantes de los meses anteriores. Y el día 13… cumpleaños compartido con Ana, mi vecinita fabulosa. Una fiesta de disfraces llena hasta los topes de gente de puta madre. Música de bandas sonoras (aunque alguna intrusa se coló por ahí), disfraces muy originales, buen rollo, cachondeo extremo, canciones en el karaoke… Una noche legendaria. Eso sí, no estuve al 100% y acabé pidiendo perdón por ello… y me vi perdonado… y ahora sonrío al recordarlo.
Y diciembre llegó y nos trajo un pequeño susto, ese no-robo del piso, lo más extraño del mundo. Ahora tenemos una puerta nueva, gruesa, segura y bonita. Y aquella noche entre risas en casa de Anabel. Y volver a Bollullos a ver a la familia y a los amigos, limpiar el solar donde pasaremos otra Nochevieja más y comprar varios regalos para “amigos invisibles”. Un secreto: uno de ellos es una película de los chinos llamada Droga dominante. Seguro que es brutal.
Y ahora me paro a leer los grandes éxitos del año pasado y me doy cuenta de lo rápido que se ha ido este año. Navidad otra vez. Un año más que se va. ¡¿Cómo es posible?!
Y me ha quedado una entrada bastante sosa. Es que me he puesto muy tarde a escribir y aún tengo que arreglarme para esta noche. No sé cómo lo pasaré, aunque todo pinta muy bien. Mis colegas de Bollullos y la visita de Jesús y Juanfran. No puede fallar.
Espero que el año que viene sea mejor que éste, que las cosas buenas sean mayoría y que todo sea tan genial que no pueda parar de contarlo por aquí, haciendo una entrada de grandes éxitos alucinante.
BIEN PENSADO, MAÑANA TERMINARÉ DE PULIR ESTA ENTRADA PARA DARLE UN FINAL DIGNO. MIENTRAS TANTO…


