On the road to Santander

Publicado en Yo y mi circunstancia con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , el 22 Mayo, 2009 por flummi

Este domingo parto hacia Santander. Estaré hasta el sábado en un curso de inmersión lingüística en lengua inglesa (¿redundancia?) que organiza la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.

Mi tren hará escala en Madrid y estaré allí un par de horitas. Intentaré localizar a mi amigo Dani (que está, casualidades de la vida, allí) para no andar solico.

Casi una semanita con clases por la mañana y por la tarde, hablando, escribiendo y pensando en inglés. Inglés hasta en la sopa. Inglés para aburrir. Inglés, inglés, inglés…

Y espero que también turismo, que según mi madre (y ella de turismo sabe un rato porque lo estudió) Santander es una ciudad muy bonita, así que espero que mi cámara dé buena cuenta de ello.

Y, cómo no, espero encontrar buena gente, que para unos pocos días que son, ya sería chungo que estuviera rodeado de gilipollas, ¿no?

A mi regreso, si no antes, redactaré una detallada crónica de lo acontecido en este destartalado blog que se niega a morir.

Este domingo parto con la maleta llena de ilusiones, y el sábado… We have to go back… Dicho queda.

Para hacer la espera más amena, dejo aquí una canción que se me ha pegado y que me tiene contento, dueña del videoclip más original que he visto últimamente, lleno de referencias que hará las delicias de todo buen friki del videoclip.

Nos vemos a la vuelta.

Santander, prepárate, que allí voy.

Desencuentros en la fase cero

Publicado en Yo y mi circunstancia con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 12 Mayo, 2009 por flummi

Hoy a las 17:00, SEVici mediante, me personé (uy, qué fino queda) en la sede de Onda Cero que hay frente al Rectorado para hacer una prueba para hacer prácticas en verano.

Llegué junto a una chica que acababa de llegar y, al llegar a la segunda planta, la coordinadora de todo aquello nos preguntó el nombre y anunció a las demás (todas eran chicas) que ya estábamos listos para empezar. Nos mandó sentar en unas mesas y nos repartió un formulario en el que debíamos indicar nuestras preferencias para dónde queríamos hacer las prácticas (programas, informativos y deportes, según el orden que puse yo). En las siguientes páginas había una especie de test de actualidad en el que había que tener un poco de cultura general sevillana y nacional. Cosas como qué llenaba las portadas del periódico de aquel día, qué concejales sevillanos habían dimitido por no sé qué escándalo, qué obras se estaban llevando a cabo en Sevilla, quiénes eran la víctima y el asesino de un caso que llevaba unos meses conmocionando a Sevilla (ahí no tuve duda de que era lo de Marta del Castillo… digo yo) o, entre otras cosas, los últimos fichajes del Betis. Además, había que redactar un teletipo, poniéndolo en modo radio. Por último, al acabar el test, debíamos hacer una prueba de locución.

Yo, sintiéndome el mayor cateto de la historia al dejar casi todo en blanco, acojonado por no saber bien cómo redactar el teletipo y temblando ante la prueba de locución debido a mi estado actual de medio resfriado, vi el cielo abierto cuando la coordinadora me llamó por mi nombre y me dijo que, al ser de Comunicación Audiovisual, podía elegir entre hacer ese test para ser redactor o locutor o intentar tirar por la vía de la técnica (estar en la mesa de mezclas, vaya). Le dije que prefería la técnica, así que me dijo que dejara el test y pusiera simplemente qué experiencia tenía (al margen de ser profesional o no), qué programas había utilizado y cosas así, por lo que le hablé de las prácticas que había hecho en los estudios de radio de la facultad, los programas que había manejado y tal. Le entregué el test a la coordinadora, que me dijo que me llamarían cuando le pasara el test a los técnicos, mientras mis compañeras estaban probablemente estrujándose los sesos con las preguntas y salí en dirección a casa, presa del calor.

A la altura de la Alameda, caí en que hoy empezaba una jornada a la que me había inscrito llamada “El género de la Ciencia Ficción en el audiovisual andaluz”. La cosa empezaba a las 17:00, así que ya llegaba tarde. Muerto de calor me puse en marcha para dar con el maldito Pabellón de Uruguay, cosa que conseguí después de varias preguntas y vueltas sin sentido. Al llegar allí, pregunté por la jornada y los conserjes, secretarios o lo que fueran me dijeron que no tenían ni idea, aconsejándome ir a otro Pabellón de Uruguay que decían hay en la Cartuja.

La expresión “¡Un par de cojones!” resonó en mi cabeza, así que tomé un SEVici y me volví al piso, previa compra en el Mercadona de unas latas de limón y otros víveres. Al llegar y actualizar este singular blog, leo un e-mail y caigo en la cuenta de que la jornada empieza mañana.

¡Viva yo!

Eva

Publicado en De amor y otras putadas maravillosas con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 11 Mayo, 2009 por flummi

A veces, perder el autobús de las 16:20 que te lleva de Bollullos a Sevilla es recomendable.

Si el conductor hubiera parado ayer en mi parada y lo hubiera podido coger, habría escuchado música durante el trayecto, habría llegado al piso y todo habría sido rutinario.

Sin embargo, cogí el tren de las 19:20 de La Palma. Buscando asiento me topé con Julia y Juan Félix, dos amigos de Bollullos. Me senté con ellos y observé que junto a Juan Félix había una chica mirando por la ventana. Pensé que no se conocían.

Hablando de música y de lo mal que está el tema, ella habló y así fue como nos tiramos hablando todo el camino. Era (es) una chica muy inteligente y divertida. Al verla hablar así, de repente, pensé que igual era una amiga de mis dos amigos, pero al final me vine a enterar de que no.

Debía coger un tren rápidamente para llegar a Córdoba. Tras decirnos lo alegres que éramos de habernos conocido, le pregunté su nombre y le dije el mío. Se echó a correr para coger su tren.

Seguí caminando con mis amigos y uno de ellos fue al servicio y a comprar un periódico. Me quedé con mi amiga hablando cuando vi que Eva estaba comprando unos tickets y entraba en el Natura que hay en la estación. Con una excusa inspirada en hechos reales (comprar un regalo para el cumpleaños de una amiga, que era al día siguiente), entré con mi amiga en el Natura y allí nos volvimos a encontrar con Eva.

Buscamos posibles regalos hasta que mi amiga se tuvo que ir y me quedé a solas con Eva. Hablamos de su carrera, de cómo ya había operado en solitario a varios animales (estudia Veterinaria), de los múltiples usos que tiene un veterinario (no sólo curar animales, sino analizar fármacos o revisar las enfermedades que pueden causar algún problema para los animales), de la feria de Córdoba (me la recomendó, especialmente la caseta de Veterinaria), de que ya acababa la carrera, de lo que quería hacer un futuro… bueno, y también algo de mí.

Me emocionó especialmente cuando me habló de lo que significaba para ella montar a caballo. No es una de esas pijas que salen por ahí a lucirse, a correr como locas. Ella monta con calma en un caballo que le deja una amiga. Me contó que en el momento en que te subes a un caballo, él deposita toda su confianza en ti, se deja guiar ciegamente, pero tú no puedes evitar formar parte de él mismo, de su ser, de su manera de pensar. En ese momento, Eva y el caballo son un solo ser. Y eso me pareció precioso.

Su tren iba a salir ya, a las 20:30… quizá a las 20:35, así que tuvimos que despedirnos, encantados de conocernos. Al final, entre charla y charla, no fue a tomarse el café que quería.

A veces, perder un autobús significa encontrar a alguien tan especial como Eva. Espero verla algún día, salvándole la vida a algún animal, sonriendo con tanta alegría como lo hacía cuando la conocí.

Quizá vuelva a perder el autobús otro día y otro tren vuelva a juntarnos.

Hasta entonces, cada vez que vea algún animal (especialmente un caballo), no podré evitar recordarla, sonriendo.

Sé feliz, Eva.

Estas Comuniones…

Publicado en Yo y mi circunstancia con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 10 Mayo, 2009 por flummi

Ayer, Comunión del hermano de Dani. Iba de almirante, de blanco, con detalles en verde. Estos béticos… Qué fieles.

La primera sorpresa fue que nuestro camarero fue un antiguo compañero de clase. Decía servirme a mí primero porque era el que mejor le caía. Este Moi… Qué buena gente.

David, sentado a mi lado, me contaba sus dudas amorosas acerca de varias chicas que al parecer podrían haberse fijado en él. Y me pedía consejo. A mí. ¡¡¡A mí!!! Este David… Qué tío.

Cuando Mer, Juanma y Miguel se fueron, David nos grabó a Dani, Metano y a mí jugando en un futbolín humano que habían puesto para los niños. Recomiendo esa experiencia. Te sientes Ronaldinho jugando con micos. Aunque eso sí, un cabroncete parecía tirar a dar. Estos niños… Qué cabrones.

David se fue. Fui a firmar en el típico libro de Comunión, dejando mi sello personal al escribir cosas que me hubiera gustado leer en mi libro de Comunión. Entre otras cosas le decía que acababa de darle una paliza jugando al futbolín humano, que había comido de gratis a su costa y que no se metiera drogas. Supongo que no es el tipo de firma que esperaba la madre de Dani, pero seguro que hasta le gusta. Estas firmas de Comunión… Qué ñoñas.

Dani, Metano y yo nos quedamos para la barra libre, agenciándonos un purito a modo de pajita (invención de Metano). Mientras Metano veía a los niños jugar al futbolín humano, Dani y yo hablábamos acerca de tías, de sus dudas y de las mías. Le enseñé un SMS y le pedí su opinión. Lo consideraba una buena señal. Este Dani… Qué optimista.

Más tarde, le pedí opinión a Metano, curtido en mujeres más que el pirata de Espronceda. Me pidió que le ilustrara la continuación en la vida real del SMS con detalles, utilizando vasos, caramelos, sillas y hasta a los propios Dani y Metano. Su resolución fue clara.

―Por cómo me lo has contado, creo que le gustas a la amiga.

―¡¡¡¿¿¿Qué???!!!

Su explicación, amén de parecerme sorprendente y divertida, fue tan lógica que asustaba. Pasó de la chica que me interesaba a darme la lata con la amiga y ésa fue nuestra conversación camino de vuelta a casa, elaborando hipótesis con lo que podría suceder o no. Este Metano… Qué mente.

Está comprobado que una Comunión puede dar mucho más de sí de lo que parece. La ñoñería y elegancia superficial dejan entrever momentos surrealistas: improvisar una partida al futbolín humano con críos, que tu amiga Mer te compare con el prota toxicómano de Crepúsculo, dar una paliza fingida a tu amigo Metano mientras te graban para el vídeo de Comunión para que tenga algo de chispa, que una cría sea mejor portera que tú, que las gambas de tu amigo David reaparezcan después de ser comidas por obra y gracia de Mer, que un niño robe un tenedor de tu mesa porque lo necesita para un juego que está haciendo la animadora pirata…

Estas Comuniones… Qué locas.

Sally puede esperar

Publicado en La madre que te rodó, Yo y mi circunstancia con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 3 Mayo, 2009 por flummi

El jueves, 23 de abril, mi amigo Jesús me llamó con una proposición indecente: pasar el fin de semana en el apartamento que nuestro amigo Juanfran tiene en el Hotel Flamero de Matalascañas. La propuesta cambiaba todos mis planes, que consistían básicamente en quedarme el fin de semana en Sevilla hasta empalmar con los primeros días de feria para ver cómo era aquello. Lleno de dudas, consulté a algunas personas con las que tenía pensado salir y, tras ver que o pasaban de ir a la feria o lo tendrían muy chungo para ir, decidí ponerme en camino para Matalascañas.

Partí el sábado 25 a las 15:00 en un autobús que salió de la estación de Plaza de Armas. Fui más bien a la aventura, sin saber a qué hora saldría, ni si me daría tiempo siquiera a almorzar. Fui con poco más de media bolsa de Papa Delta en el estómago.

Por el camino fui escuchando música en mi flamante móvil nuevo. Dos horas tardé en llegar a Matalascañas, teniendo que soportar en el último tramo los rebuznos de unas delicadas jóvenes almonteñas.

Al llegar, la bajona me sobrevino. Me vi allí, solo, en un pueblo frío donde el viento soplaba con desdén. A mi alrededor había parejas, familias, amigos, gente acompañada disfrutando de una jornada playera (pese al mal tiempo). No sabía dónde estaba Juanfran, ni sus amigos Jose y Juan. No sabía si Jesús habría llegado ya y no contestaba a mis llamadas. Por primera vez en mi vida, vi el mar y no sentí nada. Una inmensa melancolía se apoderó de mí, pero el mar no tenía nada que ver.

Atravesé un buen tramo del paseo marítimo y llegué a las puertas de la bajada a la playa del Hotel Flamero que, para más inri, estaban en obras y no se podían atravesar. Fue entonces que Jesús por fin respondió a mi llamada y me contó que estaba llegando. Quedamos en vernos en la puerta principal del hotel y buscar a Juanfran, Jose y Juan, que estaban esperándonos en la piscina.

Jesús llegó y fuimos en busca de Juanfran, Jose y Juan, que, efectivamente, estaban en la piscina esperándonos para zambullirse en ella pese al intenso viento. Así lo hicieron ante el asombro de Jesús y mío.

Al llegar al apartamento, flipamos con una película (por lo visto se llama Lasko: El tren de la muerte) en la que un cura aventurero paraba parte de un tren con papel de lija, impactando la otra parte contra una fábrica (nosotros decíamos que de cojines) que estalló en una fuerte explosión. Al final, el cura se despidió de una mujer porque lo reclamaban, subiendo a un helicóptero.

A la noche, tras cenar arroz tres delicias y pizzas y asombrarnos con cómo la lió Michael Keaton en Medidas desesperadas, jugamos a las cartas (me llevé algún que otro golpe) e intentamos predecir entre bromas quién era el asesino de Un San Valentín de muerte (aún mantengo que era la rubia).

El anuncio de teletienda definitivo.

El domingo por la mañana, Jesús y yo rodamos algunos planos solitarios del hotel (sólo habitado por algunos grupos de viejecitos del IMSERSO) para hacer un futuro un montaje con música melancólica. Volvimos con extremadamente caros aperitivos (1′5 € por una bolsita de frutos secos variados en la que la mitad era aire y había mayoría de pasas) para recibir con fuerzas el maratón de seis capítulos de Lost que emitía Cuatro.

Con el atardecer, fuimos a la playa cantando a la guitarra por el camino la que se convertiría en la canción más cantada y solicitada de aquellos días: Don’t look back in anger, de Oasis. También cayó Wonderwall (de Oasis también), entre otras. Bajamos a la playa para darnos un fugaz baño que quedó recogido en un oscuro documento de la cámara de Juan.

La melancolía me sobrevino frente al mar (esta vez sí tenía algo que ver), con el sol recién muerto entre sus aguas, sentado junto a Jesús, que tocaba a la guitarra The scientist (de Coldplay), mirando cómo los demás corrían, caminaban, meditaban. Yo recordaba y añoraba. Nadie dijo que fuera a ser fácil…

Esa noche nos propusimos rodar un corto y decidimos hacer un casting para elegir a los actores. No puedo contar con exactitud las veces que nos reímos, pero la cámara de Juan dio buena cuenta de ello con una serie de vídeos que ya forman parte de lo mejor de este año. Esa misma noche, tras elaborar diversas tramas alocadas y leer los patéticos juegos de palabras de la revista ¡Qué me dices!, nos pusimos a rodar esa obra maestra de la ciencia-ficción barata.

Acabamos en la piscina, tentados de darnos un bañito (el agua estaba buenísima) porque un cartel decía que la piscina estaba abierta hasta las 2:00 debido a que alguien había arrancado un 0 de las 20:00. El baño frustrado quedó en una divertida conversación sentados en las tumbonas de la piscina mirando las estrellas. Vimos varios objetos en movimiento. Uno de ellos lo avisté yo mismo y, para que los demás supieran dónde estaba, dije señalando las estrellas algo así como: “¡Sí, mirad! ¡Está atravesando ese pentágono-hexágono raro!”. Ante el cachondeo del personal, traté de explicar qué forma tenía un pentágono-hexágono.

El lunes fue sin duda el mejor día. Al mediodía (cuando despertamos), Jesús y yo fuimos en busca de víveres (Pepsi y patatas fritas). Tuvimos que llegar hasta el centro de una abandonada Matalascañas y comprar unas latas de Coca-Cola en un bar y unas bolsas de patatas fritas en un quiosco.

Juan se nos marchó después de comer con su guitarra. Tras hacer la digestión del almuerzo, salimos a la piscina para darnos un bañito. Fue poner un pie en la bajada a la zona de la piscina y ver cómo un grupo de chicas jóvenes se asomaban por uno de los balcones de la cuarta planta, saludándonos y grabándonos con sus cámaras posteriormente. En la piscina temblamos un rato, y no ya por el acoso, sino por el viento tan fuerte que soplaba. Más gente empezó a asomarse por los balcones de la cuarta planta (todo tías) y de la baja (todo tíos), saludándonos y alucinando al ver cómo alguien había sido capaz de bañarse con semejante clima. Salimos de la piscina pensando lo inoportuno de la marcha de Juan, cuando de pronto, apareció. Había perdido el autobús. Celebramos su regreso con mantas en las tumbonas de la piscina y cantando un amplio y desafinado repertorio al son de la guitarra. Inolvidable fue el momento de Chica de ayer y en especial el fragmento de “Mi ca-ca-ca-ca-cabeza da vueltas persiguiéndote”.

Decidimos bajar a la playa en busca de la excursión de gente joven que había llegado al hotel. Por su acento descubrimos que debían ser del norte.

De regreso al hotel, saludamos a las chicas del balcón de enfrente, con las que entablamos una conversación a gritos. Eran madrileñas de 15 años. Parecían entusiasmadas con eso de que éramos andaluces. De hecho, así nos llamaban cuando querían hablar, a gritos: “¡Andaluceees!”. Me autoproclamé a gritos el tonto del grupo al no escuchar muy bien lo que nos decían. Fue memorable el momento en que las saludé con la mano y, además de ellas, respondió al saludo un viejo que estaba en otro balcón fumando. Y, cómo no, el momento en que gritamos “¡Hola, fondo norte!”, contestando ellas “¡Hola, fondo sur!”.

Advertimos que en la recepción del hotel anunciaban que a las 16:30 proyectaban Tomates verdes fritos y que por la noche había algo llamado “Noche de talentos”. Dejaban un micrófono sobre el escenario y cualquiera podía subir y hacer lo que quisiera. Decidimos preguntar y así fue como nos propusimos participar bajo el nombre de Pentágono-Hexágono en homenaje a la gilipollez suprema que había dicho el día anterior.

Ensayamos en menos de una hora, cantando mientras comíamos los sándwiches preparados por Jose. Nuestro repertorio constaba de Carolina (de M-Clan), Cada dos minutos (de Despistaos), Noche en vela (de Guaraná) y, si pedían más, Chica de ayer (de Nacha Pop) y Grita (de Jarabe de Palo).

A gritos, invitamos a todos los de la excursión a ir a nuestro concierto de la noche. Uno de los chicos, un tal Sergio, se acercó a nuestro balcón por si sabíamos dónde pillar para porros. Juventud, divino tesoro…

Ningún madrileño fue al concierto (ellas nos lo avisaron justo cuando salían de marcha), pero eso no impidió que aquello fuera (en palabras de Barney Stinson) legen… espera un momento… dario.

Sala Toro. Público a rebosar. Todos ellos viejecitos del IMSERSO, con ganas de cachondeo. Actuábamos justo detrás de una mujer que leyó una lista de tipos de sueldos y las reclamaciones que hacía el pene para cobrar más. I-N-A-U-D-I-T-O.

Rocío, la amable a la par que atractiva animadora, nos dijo que sólo podríamos cantar dos canciones por cuestión de tiempo. Más tarde, nos presentó y salimos a cantar. Durante la actuación, ella era la única que se sabía las canciones. La vimos cantar bajo el escenario.

No hay palabras suficientes para describir el concierto en sí, así que me limitaré a poner a continuación la grabación completa de lo que fue. Un documento sin desperdicio.

El comienzo de un grupo mítico.

Tras el concierto, intentamos cantar de nuevo, pero Rocío nos indicó amablemente que se iba de tiempo. Nos entregó un diploma como recuerdo de nuestra cagada actuación, y Juan y yo volvimos en busca de un diploma para cada uno, cosa a lo que Rocío accedió de nuevo amablemente, comentándonos que era de Carmona y que estaba estudiando Turismo, así como que el hombre que cantó después de nosotros se había tirado un siglo con su repertorio y había estado increpando a los animadores para ver cuándo organizaban la “Noche de talentos”, teniendo que adelantarla del jueves al lunes para que el hombre se callara de una vez.

Al llegar al apartamento, seguimos grabando nuestro corto, acumulando tomas falsas, especialmente en una escena en la que Juanfran y yo debíamos pegar mucho las caras y mirarnos fijamente para hablar de las consecuencias de los viajes en el tiempo. No sé cómo llegamos a rodar una toma buena.

De regreso al apartamento, Sergio (el de la excursión) nos preguntó si le podíamos pillar alcohol. De camino a cafetería vimos abierto el Salón Quijote (una sala donde la gente juega a las cartas y ve la televisión), sin nadie en su interior, y allí nos quedamos jugando a las cartas y viendo en la enorme televisión plana lo que habíamos grabado (concierto incluido). Allí grabamos algún vídeo absurdo y nos echamos una buena ración de fotos. Fue un buen colofón para la última noche.

Al día siguiente, nos levantamos a las ocho y salimos pitando (tras recoger nuestras cosas y el apartamento) para coger los autobuses. A la salida del hotel, varios viejecitos nos reconocieron de la noche anterior, felicitándonos por nuestra actuación, haciendo amagos de pedir autógrafos y uno de ellos nos comentó que a ver si para la próxima vez nos aprendíamos las letras.

Nos compramos unos bollitos en una panadería frente a la parada de autobuses, admiramos cómo pintaban unas bolitas de colores y nos separamos (Juanfran, Jose y Juan por un lado y Jesús y yo por otro) en dos autobuses, encontrándonos a lo largo del camino.

Quedarán para el recuerdo las innumerables fotos y vídeos de la cámara de Juan (espero tenerlo todo y actualizar esta entrada con más material).

También las largas charlas con Jesús en la cama (éramos cinco en un piso, así que no había dónde dormir), a destacar aquella tontería de:

―Blas…

―Dime, Epi.

―¿Por qué las nubes son rojas?

―No son nubes. Son los vapores que inhala tu pene después de haberte teñido los huevos de rojo.

También quedarán para el recuerdo las partidas de cartas (sobre todo “El mentiroso”), con frases como “¡Y voy yo… y me lo creo!”; la frase recurrente “Soy feliz con poco”; las canciones; los comentarios de series y un largo etcétera.

Y la ciudad solitaria, recordando aquella vieja adivinanza del último hombre vivo. Y la playa solitaria. Y la playa en primavera. Y la playa con viento. Y el mar. Y el atardecer en el mar. Y mirar las estrellas.

Tantos recuerdos de apenas unos días… Tan buenos ratos… Tan difícil expresar todo lo que fue aquello…

Y, pese a la melancolía inicial, me di cuenta de que Sally puede esperar. Los amigos, como decía una canción, me levantan el alma cuando he caído.

Espero repetirlo. Pentágono-Hexágono no puede disolverse.

Crítica de “Across the universe”

Publicado en Autobombo con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , el 18 Abril, 2009 por flummi

He criticado esta película aquí.

Como siempre, en Tras el espejo.

Lobo-hombre en París

Publicado en Música para mis oídos con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 12 Abril, 2009 por flummi

En el año 1984, La Unión publicaba Mil siluetas, su primer disco. Por entonces lo petaron con un temazo llamado Lobo-hombre en París.

Algunos años más tarde, en 1996 para ser más exacto, Los Sobraos (famosos por su éxito Quiero verte) lanzaban al mercado su disco Rumbamola. Entre otras versiones, se encontraba ésta:

Pues bien, ahora no me la puedo sacar de la cabeza. Me llevo todo el día cantándola. Por eso quiero compartirla con todo aquél que lea este blog, para contagiársela.

Auuuuuuuuuú…

La metáfora del chicle y la pecera

Publicado en Yo y mi circunstancia con etiquetas , , , , , , , , , , , , , , , , , , , el 10 Abril, 2009 por flummi

Anoche, un chicle me sirvió de metáfora personal.

Mi amigo Metano lleva últimamente encima paquetes de esos nuevos chicles llamados 5. Se ha encargado de darme la lata con lo bueno que están y con que soy el único que no los ha probado todavía. Anoche, por fin, después de varias jugarretas por su parte, conseguí finalmente probar uno. Bueno, no están mal. El caso es que me enseñó que el que la sigue, la consigue.

Por otro lado, siguiendo con las metáforas, anoche le ilustré a mi amigo David su situación comparándolo con un pez en una pecera pequeña que necesita salir de ella para crecer (influencia de Big fish, sí) y le animé a aprovechar su oportunidad al final de este curso para salir de una vez de la pecera, la cual ya le ha ofrecido todo lo que le podía ofrecer. Esta pecera tiene el agua estancada. Lo sé porque ahora conozco otros mares.

El viernes pasado, David me dio una definición tan sincera del amor que me dejó a cuadros. Me emocionó su seguridad en el tema, sin titubear una décima sobre cómo explicarlo. Me dieron ganas de que su historia acabara bien, de que, pese a que hay cosas que sólo pasan en las películas, un milagro llegara a su vida. Y sobre todo, me dio valor para afrontar una cruzada.

Al fin y al cabo, mirándolo desde un punto de vista completamente egoísta, se podría decir que yo soy un tipo del primer mundo que se preocupa por nimiedades que puedo abordar con algo de arrojo mientras algún pobre del tercer mundo se las apaña como puede. Y compararse con el tercer mundo, por muy cruel que suene, ayuda a sentirse mejor.

Crítica de “La melancolía de Suzumiya Haruhi”

Publicado en Autobombo con etiquetas , , , , , , , , , , , , el 4 Abril, 2009 por flummi

He criticado esta divertida serie en Tras el espejo.

Puedes leer mi crítica aquí.

Camino y Haruhi

Publicado en Cosas del destino con etiquetas , , , , , , , , , , el 4 Abril, 2009 por flummi

Miro a las estrellas y le pregunto a mi pequeña luz
dónde estás
y con quién estás.

Recordar lo bien que nos lo pasábamos me hace sentir sola.
Veo aquella película que vimos juntos,
pero ahora, yo sola.

Aquél a quien amo está tan lejos…
Tan, tan lejos que me hace querer llorar.
Cuando mañana abra los ojos,
mira…
Seguro que resurgirá la esperanza.
¡Buenas noches!

¡Todavía, todavía te quiero!
¡Espero, espero, para siempre!
¡Todavía, todavía te quiero!
Y no se puede remediar…

Redescubro la letra de una canción de la muy recomendable La melancolía de Suzumiya Haruhi y me doy cuenta de que entronca directamente con Camino, que había puesto a bajar precisamente hoy (y que probablemente me compre cuando tenga más pasta).

¿Qué está pasando?